Hoy nos despedimos de nuestro humilde pero efectivo albergue, nuestra habitación (pieza) de litera que ya habíamos hecho nuestra, y nuestras duchas de agua o caliente, o fría. Marta tiene ya una casa, y en ésta arrendó una pieza (habitación). Es una casa-palaciete, con mucha gente con la que compartir experiencias, lengua, baño y cocina. Pero 'muy buena onda', como dicen aquí. Yo me quedo con ella por el momento hasta que encuentre algo que se acople a lo que necesito. Mañana veremos qué ocurre, para nosotras la semana ha empezado esta noche, planeando el resto de días.
LEA DESDE AQUÍ SI QUIERE LEERLO TODO:
Como he comentado, por fín nos hemos trasladado. Las circunstancias de la mudanza no han sido las mejores, si bien nos ha recogido el taxista que nos trajo desde el aeropuerto (bueno, un poco más tarde y lejos, porque somos todo lo catalanas que podemos); que nos dio su tarjeta. Le llamamos anoche y hoy nos ha dicho que, a pesar de que tocaba siesta, le ha dicho a su mujer que dos 'mijitas' le necesitaban, sino las iban a timar. Le pagué con dólares y ha dicho que los guarda de recuerdo. Que se los enseñó a su mujer cuando llegó a casa. Muy grande el taxista. También me ha dicho las zonas buenas para arrendar (buenas=baratas), y que le llamáramos siempre que fuera necesario. Que él ahora solo obedecía a su mujer, así que al no tener otro jefe tenía un horario más flexible (solo un poco más flexible, en realidad).
Hemos llegado a la casa y nadie nos esperaba. Ni siquiera la futura habitación de Marta estaba preparada. Pero esto es complicado, ya lo sabemos. Nos han abierto y recibido con gusto, y nos han dicho que esperáramos que nuestra 'piesa' estuviera dispuesta, de aquí a un rato (un rato en Chile, es muchas horas más tarde). De ahí nos hemos ido a voltear el barrio, Bellavista se llama. Precioso.
Después hemos ido a visitar un piso-departamento que tenía previsto conocer, pero ha sido una experiencia muy religiosa y poco práctica. Un hombre brasileño, con trenzas hasta los hombros, (negro), y con música zen nos esperaba en la casa. Íbamos yo, Marta y nuestro gran amigo chileno, Franco. Sin el cual no sé si estaríamos ahora donde estamos.
Nos ha recibido y me ha contado el percal. Que si la buena zona del departamento, que si lo limpiaban una vez a la semana, que si ¡tengo lavadora!.... además la casa tiene una azotea con piscina, barbacoa y 'GYM' (lo ha recalcado porque creía que lo necesitaba? o porque pensaba que lo usaba?). Lo cierto es que el brasileiro nos ha encandilado con su acento, su manera de narrar las cosas dejando silencios donde pensaba que teníamos que estar en 'shock', y sus pieles de animales en paredes y suelos de la casa. Con la tontería hemos estado dos horas sin darnos cuenta allí sentados hablando los cuatro. Marta y Franco comiéndose el marrón por acompañarme, y yo pensando en pros y contras del piso, el inquilino, y la opinión de Marina si le decía a su llegada que teníamos que vivir juntas, compartiendo piesa y por muuuucho más dinero del que se imaginabaa por dormir en litera. Le he dicho que me lo pensaría. Y no es estrictamente mentira. El brasileño Zen nos ha pedido los Facebook igualmente.
De ahí nos hemos ido a tomar una cerveza para sentirnos otra vez mundanos, como menos zen y más 'hueones'. Hablar tanto del espacio nos ha llevado a otra esfera de la mente que no acostumbro a utilizar siempre, al menos intento gastarla lo menos posible yo. Necesitábamos sacar una opinión común y hacer unas anotaciones para valorar el departamento. Y ahí que nos hemos ido. Bellavista era el mejor sitio, ha dicho Franco, para salir y para todas las cuestiones de tipo social(izar). Y tiene razón. Todo es barato, siempre hay gente, y la música es buena onda. A ver si Marta ha sido la más lista y está en la mejor opción de Santiago. No me extrañaría.
Aquí en la calle principal donde nos han llevado, en cada cera la cerveza valía más barata o más cara. ¿Por qué? Porque una parte de la calle pertenecía a un barrio, y la otra cera pertenecía a otro. El barrio hippie, bohemio, era Bellavista. Y el más económico para beber cerveza (¡la primera desde que estamos 'acá'). Y la otra pertenecía a un barrio más 'hipster', 'high', pijo. Total, que nos hemos ido a la cera de Bellavista (diferencia de cuatro metros a lo sumo). Por lo barato, claro. Se va a convertir en nuestro barrio. El mío d momento, y el de Marta el de siempre, ya que va a vivir aquí.
Hemos echado tres cervezas. Pero aquí no te sacan el tercio, te sacan la cerveza de un litro. ¡Un litro! Total que ahí hemos estado con los tres litros, los vasos helados y la charla con Franco, el chileno. No he podido resistirme y le he consultado sobre la educación privada/estatal aquí. Que en otro capítulo os contaré. Una hora ha pasado a otra. Ha llamado un español que vive en la casa donde Marta vivirá y nos ha dicho que ya habían desalojado su 'piesa' y que podíamos ir cuando quisiéramos. Le hemos invitado a 'tomar' con nosotros. Ha venido y después de unas cervezas más hemos ido para la casa.
Y desde aquí escribo. A la casa le falta por hacer, pero es preciosa, un antiguo palaciete. Como les he dicho a ellos, si me dieran unas 'lucas' (cifras de no sé cuantos ceros de pesos chilenos) y un Ikea, dejaba la casa que no la conocían. Pero no puedo hacer nada más que dar gracias a Marta por lo que está haciendo por mi y a los demás por habernos aceptado a las dos sin condiciones.
Mañana veremos qué pasa. Nunca se sabe lo que un nuevo departamento que visitar nos puede ofrecer. Y cada día conocemos a más gente, de todas partes. Es muy enriquecedor.
Ya conocemos los dos cerros de la ciudad, hemos visto los Andes por primera vez, y tenemos planeados dos viajes. El día tiene un buen balance positivo. A parte ya no estamos en tierra de nadie. Vivimos (yo temporalmente) en una casa que sobrevivió al terremoto del 2010 y el del ochenta y no se qué. Eso vale más que un millón aquí.
No hay comentarios:
Publicar un comentario