(Versión Corta): Tras un día con tintes de cotidianidad, hemos conseguido varios puntos importantes. El primero es que Marta ha arreglado un problema que tuvo con su cédula de identidad (en el proceso de la misma, vaya). El segundo es una reserva de dos billetes de ida y vuelta para irnos a Valparaíso. El tercero es reconocer, como persona honesta que soy, que no sé cocinar. Y por ello hago las otras cosas para que sea Marta quien cocine, y haga las compras adecuadas. Al final del día hemos visitado un lugar precioso dentro del barrio, el 'Patio de Bellavista', que me ha encandilado.
(Versión extendida): Escribo desde la cama, Marta está justo delante, en la posición inversa a la mía leyendo su libro triste y caracolándose el pelo, y yo mientras tecleo rápidamente. Afuera se oyen las voces de los demás inquilinos de la casa (a algunos ni los conocemos aún). Parecemos una pareja. Me recuerda esta posición de pies con cabeza del otro a una noche en la dormí así. Muy romántico todo....
Somos tan pareja que esta semana ya nos hemos separado por primera vez. Ella se ha marchado pronto par a hacerse la cédula y yo, me he levantado para desayunar con ella (atensió!), y he ido a poner la lavadora. ¿Qué te pareix? Maduro por momentos. El problema es que no he sabido ponerla. Es de estas americanas, y una inquilina me ha dicho que echara la ropa, el jabón y el suavizante en el tambor. Todo junto, ale. Supongo que eso estaba mal. Sobretodo cuando he descubierto un cajoncito que ponía: suavizante. Era tarde.
He tenido que esperar a que acabara, no me podía mover de casa. Qué inútil me he sentido. Ahora entiendo algunas cosas más de la vida, no crean. Una hora larga esperando a que la máquina acabara para tender las mil bragas que teníamos de estos dias (para que vean que nos las vamos cambiando aunque vayamos de hippies). Total, que la abro y la ropa flotaba en agua. Algo malo había pasado. No existe el centrifugado en este país? Ya nos volveremos a ver... he sacado la ropa chorreando y la he tendido como he podido. Estaba llena de pegotes blancos, algún papel se ha colado en el lavado. Bien empezaba el día con ropa que parecía de dálmatas y el tiempo invertido en ESPERAR.
Más tarde he ido en busca de Marta y hemos comido. ¿Lo adivinan? Si, una empanada. Es que son tan baratas...!!! Y de postre un helado, que hacen aquí baratísimos (50 cent).
Hemos entrado a la catedral también, es preciosa. Me he quedado petrificada. No sé por qué no me la esperaba tan enorme y tan alrgada (sin forma de cruz, solo alargada y siento la falta de exactitud). Ni altar ni retablo, enorme con vidrieras y precioso, precioso techo de dibujos y mil colores. Y figuras de santos (igual los doce apóstoles ahora que lo pienso) en cada columna desde la entrada hasta el altar. Hacían misa. Había gente de todas las edades rezando. Es muy religiosa la gente aquí, siempre tienen huecos para ir a misa.
Hemos ido a la tarde a comprar los billetes para Valparaíso. Nos vamos a quedar una noche, porque nos han dicho que a la noche se pone precioso, y que uno no se lo puede perder. El pateo bajo el sol abrasador hasta la estación ha sido una tortura. A la vuelta hemos cogido el metro, y mira que nosotras somos anti-metro (por lo de ser pobres).
Al llegar a la casa le hemos comentado a un inquilino nuestro plan, y de golpe y porrazo se ha acoplado. ¡Claro que sí! De repente ya no era 'vayan a ver esto', 'hagan lo otro'. Ahora era 'pues haremos esto', y 'tendremos que hacer aquello, yo les mostraré'. Marta y yo nos hemos mirado sin hablar pero las dos hablábamos ya entre nosotras. En fín, al menos tendremos guía. Ha sido una situación graciosa. Ya os diré si ha sido igual de gracioso a la vuelta.
Hemos visitado un mercado tipo la plaza de Castellón. Precioso y enorme. Pero casi cerrado. Era una hora muy española y poco europea para comprar. Nos ha dado solo para coger unos champiñones. Pero Marta que es una chef, ha sacado una idea de su chistera y ha hecho rissotto para cenar con champiñones y queso. Podría acostumbrarme a esto... luego ella solo espera de mi que ponga la lavadora, y yo la fallo con mi ropa llena de pegotes, arrugada y chopada. No me ha dicho nada, pobre. Es más buena persona. PEro debe pensar que si nací ayer. Es que ella es tan apañá....
Después de cenar salíamos a tomar algo y, ¿adivinan? Nos ha salido un acompañante. Jajaja había que planear el viaje... aunque lo cierto es que nos ha llevado a un lugar del barrio precioso. El patio de Bellavista. Es una especie de paraíso para ejercer lo social. Es la parte bohemia rica del barrio. Son todo terrazas preciosas con diferentes diseños, luces de todos los colores, música de todos los lugares y a diferentes alturas. Todo lleno de velas encendidas, y mucha gente con cócteles hablando de sus obras, sus vidas trágico-románticas necesarias para poder ser bohemios y la cartera llena para poder pagarse esas copazas. Se siente el resquemor dentro de mi, parece. Que va. Nos hemos sentado en una terraza y hemos charlado. Cuando estamos con un chileno siempre nos gusta preguntarle cosas del país para conocerlo mejor. Nos ha contado la comparación de la policía en los diferentes países sudamericanos y lo militarizada que está. Es verdad que el otro día había como una especie de tanque por la calle, tan tranquilo. Se nos erizaron los pelos de la nuca. Pero es lo normal aquí, y símbolo de seguridad.
Hemos pasado un frío en la terraza que mi jugo(zumo) de piña NATURAL, la primera fruta que tomo acá, no lo he disfrutado como debiera. Y digo fruta porque es lo más cerca que voy a estar nunca de probar la piña. Ha sido un rato entretenido, pero hacía frío y mañana he de madrugar para visitar una especie de residencia. A ver si es la visita definitiva. Ya se verá.
Oigo a los del piso de al lado haciendo un karaoke. Es un bar peruano. Se ve que son muy típicos aquí los karaokes. El día que vaya yo será ese día al año que llueve en Santiago.
Posdata. En la casa hay tres gatos y no saben lo que sufro en silencio. No podría vivir aquí para siempre. O los gatos o yo. Pero acá todo el mundo parece tener mucho amor a los felinos...
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