Este fín de semana acabé de arbitrar ya porque se acabó el campeonato. La verdad es que a parte de ganarme unas pocas lucas para vivir, ha sido una gran experiencia ver el baloncesto desde un equipo tan de barrio, con gente que lo único que tenía en común era el amor por el baloncesto. Chicos que apenas sabían botar, otros que calentaban con los cascos puestos escuchando rap para motivarse, y gente con muchas ganas de hacer que el baloncesto saliera adelante en los sábados fríos de un barrio de muy mala fama.
Es bonito ver la esencia, para poder entender el resto y querer de nuevo a este deporte como cuando empiezas a practicarlo.
Ahora estoy intentando trabajar por otros lados, tengo una entrevista de trabajo con una empresa de monitores de tiempo libre. Si saliera, tampoco estaría mal ganarme algo los fines de semana y así aguantar las semanas. El dinero se va en comprar comida, porque tampoco me gasto casi nada más , a excepción de los viajes, pero nos estamos cuidando bastante en viajar y no hemos hecho apenas nada.
La uni sigue en paro, pero los extranjeros tenemos clases igualmente y ya voy haciendo exámenes y prácticas. Si, aunque no lo crean voy a clase, estudio, y todas esas cosas necesarias en la vida de una estudiante universitaria. El otro día subí una foto en la biblioteca, para los incrédulos.
Sigo entrenando con las del equipo de la unviersidad, cada día más desenvuelta, más a gusto, y sin presión. Porque como no juego partidos... con quien si juego es con el equipo este que ya conté que me fichó. La verdad que a gusto, pero desubicada igualmente, porque apenas entreno con ellas y no hay mucha manera de hacer migas, de entendernos bien en pista, de mirar jugadas bien... lo típico. Pero bueno, jugar en la alta competición de Chile es algo que en la vida me hubiera imaginado, y no deja de sorprenderme lo que la vida nos propone en cada nueva vuelta de la esquina.
Este mes es el último de Erika, y cuando lo pienso se me ponen los pelos de punta. Tengo que aprovechar para hacer el máximo de cosas con ella, pero como todos tenemos cosas de la universidad (ahora si, no como la semana pasada que casi me vuelvo a España); pues no es tan facil coincidir y hacer planes más allá de desayunar o comer juntas.
Hablando de comer, cada vez que cocina Marta y salimos a la terraza a disfrutar de su cocina con amor, y del sol que aunque hay menos aún queda, doy las gracias por la suerte que tuve desde que llegué acá.
Dice Curro que ya se me ha pegado mucho el acento. Pero les aseguro que si andaran a clase con los cuatro mejicanos con los que voy ahora, sabrían lo que es de verdad un acento marcado, WEY.
En fín, que todo va sobre ruedas. Intento no ver el tiempo pasar, y meterme dentro de él para vivirlo todo desde dentro y fuertemente, pero a veces no puedo evitarlo y cuando me doy cuenta ya ha pasado. Me estreso pensando en mañana y eso hace que no me de cuenta de hoy, pero es un problema que nos ocurre a todos y que ahora que lo tengo más en cuenta, puedo evitar con mayor dificultad. Y si algo he aprendido aquí, es que no hace falta salir de casa para valorar un momento, una conversación con alguien, o un buen instante que recordaré.
Como decía el artista de Valparaíso, la vida son instantes. No recuerdas una etapa de un año, o de varios años. REcordamos instantes, momentos, esencias de algo mucho más grande. Eso tendré que hacer, (y hago).
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