O como un día que podría pasar como un día más, se convierte en un día interesantísimo. Esto es así por dos causas. La primera es que ver la vida con las gafas que utilizaba en Chile, le da un tinte increíble, fantástico, interesante y terriblemente irresistible a todo lo que se ve. Y hoy me las he puesto. Y la segunda, es que trabajo en nomepierdoniuna. Y desde que estoy allí, no me pierdo ni una, literalmente.
También es cierto que a mi todo me provoca algo. Es difícil que me ocurran cosas y ya, que no me hagan sentir o me toquen de algún modo. Eso siempre ayuda, claro. Si a esa sensación facilona de sensibilidad ante cualquier cosa, le añadimos que tengo más de tres eventos interesantes a la semana, el nivel de vida casi sube como el que tenía en Chile. Cierto es que en Santiago una aventura era abrir la puerta de la casa y salir, aquí el nivel sube, es natural.
Por la mañana he 'trabajado', entrecomillado porque estoy aprendiendo más que nada, porque no cobro, y porque disfruto bastante como para calificarlo trabajo. Es freak... pero es así. Como dar clases en el cole... trabajo, trabajo... no es.
He comido con un viejo amigo de magis, da pena ver que no se sabe quién de todos los comapañeros maestros está más perdido. Solo a unos pocos, los más empollones nivel no-tengo-vida o los más hijosdefruta nivel mi-madre-es-tal, han conseguido algo. Los demás ven sus próximos meses y años como páginas en blanco ve alguien que tiene que escribir el futuro de España: muy chungo.
Pero la compañía siempre es grata, ver a viejos conocidos/amigos (espero que no lea esto, y si lo hace que no le siente mal), ayuda a recuperar buenos momentos que estaban ya enterrados, o simplemente a disfrutar de cosas que hacía tiempo que no se hacían. Da gusto. Aunque el bocadillo esté malo o el tiempo apremie. Lo bueno, si breve....
Un día quiero hacer un relato solo de expresiones populares. ¡Cuanto saben! [inciso innecesario, pero como ahora escribo todos los días, me entran más ganas de escribir en el blog, único espacio sin censura y sin editor].
Después de comer me tocaba entrenar a los niños del cole, que se han ido de fiesta de Navidad y me han dejado sola. Solo ha quedado uno... un niño de 7 años que no sé si está él enamorado de mi, o yo de él, o es un amor (platónico, no hace flata decirlo), de los que ya no quedan. Yo pensaba que se iría a su casa, no íbamos a entrenar... pues me ha invitado a merendar. Técnicamente ha sido su padre, pero se ha largado para dejarme a mi con el crío en la pastelería. Como cuando los padres llevan a los niños a que tengan citas con amiguitos y luego se van a dar vueltas alrededor del bar para verlos a través de los cristales. (Espero que no haya hecho nada así el progenitor de la criatura, o tendría mucho miedo).
Total que yo un poco enmarronada porque me quedaba media hora en una mesa de pastelería con el chaval de 7 años que dos veces por semana me alegra las tardes. Se llama no sé como en realidad, pero a mi me hace llamarle Leonardo. Y a su colega del alma, Rafael. Y sí, el amigo que les queda pero que no viene a bàsquet es Donatello. Son las tortugas ninja. Nadie se lo cree, pero yo que me lo creo todo así lo siento, por lo que les llamo como ellos quieren. El problema es que sus madres me miran mal, claro. 'Pues hoy Rafael ha hecho...' ¿perdona? Yo no soy la madre de Rafael... (ella no lo sabe, pero si que lo es).
La cuestión es que Leonardo, que es un enano muy listillo, lejos de hacerme sentir incómoda, me ha contado su vida, sus historias, lo que ha pedido a los Reyes y Papá Noel (poco), de cuando ganó el concurso de dibujo, de que los deberes de cono, de que quiere ir a la plaza pero no le dejan, y ha rematado la cita explicándome como funciona el universo, que sacó un 10 en ese examen. ¿Es, o no es el puto crack? Lo es. Y me ha robado el corazón este mío que ultimamente está que ni siente ni padece por no hacerlo mal todo.
Después de la maravillosa merienda tan reveladora, me he ido a una rueda de prensa. Me hubiera maquillado, puesto tacones y unas gafas de periodista resultona pero no me daba tiempo, y era mi primera vez. Tengo margen de mejora. Tampoco he podido preguntar nada, no veía el momento y el resto de periodistas no me dejaban hablar (mamá, diles algo a esos gandes que no me dejan desir).
Menudo hombre de los pies a la cabeza, con 70 años encima y el tío ni un pelo de viejo, ni de tonto, ni de nada. Cuanta humildad, ¡y que risas me he echado! Y mira que yo no soy una fan, para nada. Pero oye, que es un referente del rock español y el colega ni se despeina. Da gusto ver que hay estrellas que tienen lo bueno de las estrellas del universo, las buenas. Y no tienen nada de estrellas de la tele. Son dos palabras distintas, aunque se escriban igual.
Y qué demonios, los rockeros siempre han tenido algo 'ahí' que les ha hecho ser encantadores, o al menos especialmente imperfectos. Miguel Ríos es uno de ellos. Me voy a poner un tema de él, se lo merece. A tu salud, Miguel.
He acabado, no he parado de teclear ni un momento. Si ahora escribiera el post de su rueda de prensa así de fácil..... no estaría haciendo prácticas. Claro.
El día a día así es una cortina muy bonita, de muchos colores, suave y original que deja las cosas importantes en segundo plano, y las decisiones feas en un tercero. Cosa que no puede durar mucho más, obvio.
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