Gafas de sol, e incluso a veces, a días, pamela. La bolsa con lo indispensable. La crema, el libro, el agua, la música. Hay placeres que aún (aún) son gratis. Y ella lo sabía. No era precisamente estar tumbada en la arena bajo el sol. Era, justamente, el poder estar ahí y no en cualquier otro lugar.
Estiró la toalla y se tiró encima. Pensó que a partir de ese momento podía quitarse el reloj. Levantó la vista hacia la palmera más cercana, por si tendría que ir en algún momento en que el sol fuera demasiado abrasador, hasta para ella. Y en cuestión de segundos se acordó de aquella misma palmera. Y de cuando, hace ya demasiados años, quedaba con el chico de la película y comían goffres de chocolate a medias mientras se tumbaban y escuchaban música, y no necesitaban nada más. Ni los besos. Solo el calor que desprendían uno sobre el otro. Era complicado de explicar, incluso en el recuerdo, no podía explicárselo a sí misma.
Pensó que todo eso se había acabado.
Hay cosas en la vida que pasan, y pasan para siempre. Las sensaciones son ilimitadas, aunque no lo creamos. Pero de igual manera, llegan y se van. Como los muy malos y los muy buenos. Lo que sentimos con dieciocho y el moreno de ojos grandes no lo volveremos a sentir con ningún otro moreno de veinticinco. Ni volveremos a jugar por primera vez un partido. Ni veremos nunca más por primera vez la cara de Alec cogiendo un balón de baloncesto y sonriendo porque su día ya tiene sentido.
Le dio pena al principio, pero después lo pensó mejor. Y lo que le daba era miedo. ¿Y si lo olvidaba todo? ¿Tanto vivir para no tener recuerdos? Existe esa posibilidad, siempre existe. Pero bueno, también, ¿tanto vivir para morir? Sí. Eso parece. Así que de igual manera parece que vivir solo puede implicar un estado de presente continuo. Siempre en presente. Siempre ES presente.
El pasado, mientras exista, siempre está bien tenerlo ahí, como una sombra. Pero vivir en el pasado es un error que suelo cometer, cuando vengo sola a la playa. O cuando salgo a correr o me zambullo en la piscina sin cloro y nado y nado hasta que encuentro una pared. Y entonces vuelvo. Es lo mismo en la cabeza.
Sacó el libro, se puso la música, la de la carpeta que no le recordaba a nada ni a nadie. Y empezó a leer. Y entonces su presente empezó a correr de otra manera. Era el presente de otra historia, no la suya. Y sería siempre presente. No como nuestras vidas, cuyos presentes cambian tan rápido que nunca es posible saber con certeza donde se encuentra uno en realidad. Le gustaría medir el tiempo.
Hola. Hoy me acordé de ti. Y de que un día te vi.
ESTE ES OTRO ESCRITO SIN SENTIDO. COMO ESCUCHAR ASTRUD A LA UNA DE LA MAÑANA MIENTRAS TE DAS CUENTA DE QUE COMO ELLOS, CAMBIO DE IDEA A CADA MOMENTO. Y AL FINAL MI IDEA ES BLANCA Y NEGRA. Y AL FINAL MI IDEA NO ES CÓNCAVA NI CONVEXA.

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