APARTADOS

martes, 19 de febrero de 2013

Nueva adhesión

Saltándome el promedio de escrituras, voy a relatar hoy algunas cosas.

Esta mañana nos hemos levantado ya con Marina en la habitación de al lado. Y tras un desayuno al estilo 'comer cereales hasta reventar', nos hemos levantado como hemos podido y hemos ido a hacer de turistas, ¡que ya tocaba! Y yo con unas agujetas de ayer... qué vieja me hago. 

Hemos ido al centro, enseñándole a Marina todo lo que ya sabíamos: 'Pues la Alameda es esta avenida, ¿ves? y es nuestro punto de referencia'. 'Aquello que se ve... si, los Andes, ¿no Marta?'; 'aquí lo de los perros es brutal, si, están por todas partes'. 'No, no es normal que puedas hacer esto', 'si, el centro es muy diferente a los alrededores, si eso que se ve es un hombre vendiendo maíz seco en un vaso con un líquido marrón'. 

Me ha gustado ver como ya parecíamos, al menos, no unas simples turistas, Marta y yo, mientras aconsejábamos a Marina y le explicábamos lo poco que sabíamos, acompañado de experiencias que hemos tenido. Ojalá Marta y yo hubiéramos tenido esta clase de ayuda al llegar. Aunque bueno, las aventuras hubieran sido otras.

Hemos ido a que nos dieran un mapa de la ciudad a cada una, qué bien nos va a venir. Yo me lo voy a colgar en la pared de la habitación para ir asimilando las zonas, las calles y los lugares que frecuentamos. Hemos visto el centro y después hemos ido a Lastarria, un barrio muy bonito y tranquilo. Aquí lo llaman el barrio de los 'hipsters' (modernos); pero es verdad que es precioso, lleno de terrazas, bicicletas y tiendas de ropa indie. Las casas son de estilo neoclásico todas, y blanquitas. Una monada. 

Aquí se nos ha juntado Franco, que nos ha llevado al mercado de abastos de aquí, y al mercado central. Para seguir en nuestra línea, hemos llegado ya cuando cerraban, así que no hemos visto el barullo de la gente comprando y vendiendo. Pero al verlo mientras lo cerraban aún parecía más desolador: el sol cegador, los perros tirados por todas partes, las frutas y verduras por los suelos y la gente haciendo su vida dentro de la casetas donde venden sus productos. Parecía que nos habían metido en una película, y que nos iban a robar de un momento a otro. 

Había también muchas 'paraetas' sobre las aceras. La gente vendía desde libros a corta-uñas pasando por peluches, ropa y calzado usado y comida. Muy higiénico no es, la verdad. Les falta ese punto de pulcritud; que ni comerciantes ni clientes tienen. Pues unos los venden y otros los compran. Marina ha debido quedar un poco asustada. 

Después, sin embargo, hemos dado dos pasos más allá y ya volvíamos a estar en el centro lleno de edificios enormes y la gente en todas partes y las tiendas 'europeizadas' y 'yanquizadas'. Es una barbaridad esto de los cambios de gente, de zonas y de barrios en menos de diez pasos. Sin barreras, sin avisos, de repente estás en una ciudad y luego en otra. 

Lo mejor del día, sin embargo, ha sido la subida a uno de los cerros de Santiago. El cerro de SAnta Lucía. Como ya conté, la ciudad tiene dos grandes cerros, que son como montañas. El de San Cristóbal es algo más alto, pero este de Santa Lucía está muy bien cuidado, con jardines, escaleras y árboles enormes que te abrigan del solazo que cae estos días. Hemos subido hasta arriba del cerro y hemos contemplado las vistas. Los Andes, las cordilleras más bajas al otro lado, la ciudad a nuestros pies, que nunca, nunca se acababa. El centro lleno de edificios altos y feos, a lo lejos los Andes envueltos en nubes, y las casas hacia todas las direcciones. No había horizonte. Da mucha impresión, porque es en ese momento cuando te das cuenta de lo grande que es la ciudad, y cuando notas como no puedes abarcarla. Estás dentro de ella, y tienes que acoplarte en tu zona, no puedes intentar abarcarla por entero, porque no te la acabas. 

Esa sensación se tiene con las ciudades grandes, pero yo nunca la había tenido. Da sensación, pensar que eres solo una pequeña parte dentro de una enorme ciudad que es una pequeña parte al lado de unas montañas enormes que son una pequeña parte dentro de un país, etc. 

Con Marina hemos estado a gusto. Era su primer día así que estaba un poco desubicada, hemos intentado que se sintiera a gusto. Espero que lo hayamos conseguido. Cuando tengamos confianza en unas semanas o meses, ya nos dirá si nos portamos bien con ella los primeros días. 

Cada noche leemos las noticias de Castellón y de España y nos dan ganas de llorar o de reir, no lo sabemos bien. La política, los sucesos sociales, los datos de cada semana... la gente aquí nos pregunta que si 'ese presidente que tienen, ¿como se llama?'-Rajoy- 'Si, ese. ¿Ha dimitido ya o no?'. 

Y eso es todo. Bueno, todo no, una pequeña parte de todo esto. Aún haciendo todo esto me da tiempo a echar mucho de menos a todos, al bàsquet... y  a pensar. 




No hay comentarios:

Publicar un comentario