APARTADOS

sábado, 16 de febrero de 2013

Valparaíso

Ya volvimos de nuestro precioso, corto e intenso viaje. Cabe decir que al final no hubo ningún acoplado, por casualidades de la vida. Cosa que agradecemos. Tras el día intenso que tuve de ver mi casa, reconcerla como tal, y pagarla, ,me dieron las llaves y solo entré a hacer el traslado. Pero ese mismo día nos fuimos. 

El viaje se nos ha quedado inmensanemente corto. Pensábamos que era una especie de pueblo costero, pero es una ciudad muy grande, solo que la parte turística es bien pequeña. Valparaíso es una ciudad a orillas del Pacífico, está al lado de Viña del Mar. Ambas ciudades son muy conocídas aquí y creo que en el resto del mundo. Están compuestas por muchísimos cerros (montañitas), así que las casas están sobre ellos. Y todas las casas son de colores, no hay dos casas del mismo color juntas. Así que desde el mar, lo que se ven son muchas casitas de colores haciendo olas, a diferentes alturas. 

La gente en Valparaíso sube a su casa desde abajo con unos ascensores, parecidos a un funicular. Tienen raíles y lo que hacen es subir de la falda a media altura del cerro. Lo que ocurre es que en 2010, que hubo un fuerte terremoto en Chile, Valpa sufrió un tsumani, y la mayoría de ascensores se estropearon. Por eso ahora solo funcionan unos pocos, no sabemos si no los han querido arreglar todos, o qué. Pero para la gente que vive allí no es muy práctico. 

El caso es que, mientras Viña del Mar tiene playas, Valparaíso es una ciudad portuaria, tiene mar pero no tiene playas. Solo un gran puerto donde se exporta e importa cada día millones de toneladas de toda clase de productos. Cuando llegamos Marta y yo con el bikini y nos dijeron (y vimos) el percal, nos llevamos una gran decepción. Pero se nos pasó pronto. Y es que los dos cerros más turísticos y bonitos de la ciudad son de las cosas más pintorescas y preciosas que he visto nunca. Son dos montañitas cuyas casas son de todos los colores del mundo, están llenas de comercios de gente bohemia, muy muy tranquilos, con miradores y terrazas y perros por todas partes. Y por supuesto, el Art Street. Los graffitis de artistas de la ciudad. 

Si no la ves, no te imaginas que exista una ciudad así. Cuando subimos al cerro Alegre (de la alegría, le llamábamos Marta y yo), experimentamos una especie de tranquilidad, una gratitud hacia todo por estar donde estábamos... es complicado de explicar. Es simplemente que estar en un sitio así te hace olvidarte de todo, y solo puedes centrarte en respirar, mirar todo a tu alrededor y disfrutar. Si bajas los cerros llegas a la zona turística de la ciudad, claro, no tan bonita. Más como la realidad de cualquier ciudad. 

A la tarde de ayer, Marta y yo como buenas frikis tomamos un barco de estos tipo la Golondrina de Peñíscola, que recorría la bahía de la ciudad y en el que un señor con mucho acento te contaba historias a cambio de propinas. Si nos hubieran visto con el chaleco salvavidas, como un par de buenas guiris, todas rojas como gambas, aplaudiendo y escuchando cada cosa... vaya par. 

Después de hacer esa cosa tan de turistas decidimos ir a cenar a un sitio muy típico para sentirnos un poco mejor.Nos sacaron la empanada más grande que he visto desde que estoy aquí. Y una cerveza de Chile. Cuatro risas y a dormir. Hoy hemos vuelto a aprovechar el máximo. Tanto, tanto, que estamos las dos como dos gambas. Sobretodo ella, que es casi alvina y pasa de la crema. Yo tengo la marca de las gafas de sol y no sé qué parece que me haya hecho. 

Antes de irnos para la estación, hemos ido a un muelle al otro lado de la  bahía, nos hemos sentado en las rocas, y hemos pasado una hora y media viendo leones marinos. Qué pasada, parecíamos dos crías riéndonos. Son animales con cola y aletas muy pequeñas, algo entre una foca y un pingüino. Estaban una plataforma pero como son tan poco ágiles, de cada siete intentos que hacían para subirse, solo uno les daba para poder subirse a ella. Encima, había uno de ellos que cuando los demás conseguían saltar y moverse como podían para subir, les volvía a tirar. Encanadas estábamos. Aplaudiendo y señalando como si nunca lo hubiéramos visto. ¡Espera! Nunca lo habíamos visto. Tenemos perdón por esta vez. 

Valparaíso es una ciudad declarada patrimonio de la Humanidad. Por algo será. Les dejo un par de fotos para que juzguen. Lo único que sé a ciencia cierta es que voy a volver, mínimo una vez más a esta bella ciudad, y no sé cuantas más a Viña del Mar, que nos hemos quedado con las ganas. 

Por cierto, justamente allí ayer empezamos a oír coches de bomberos, y de repente divisamos una gran humareda negra. Se estaba quemando algo. Y sí, en la misma Valparaíso. Fue un drama, porque era una parte donde había vegetación pero también casas (en uno de los tantos cerros), y mucha gente perdió su casa. Creo que ha sido grave, pero no nos hemos podido enterar muy bien. Solo supimos que algo iba mal por el humo, pero no estuvimos nunca cerca. 






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