Era un poco complicado para mi enfrentarme a este blogg después de llegar. Por eso no lo hice. No era el momento de recordar, dolía demasiado. Era el momento de enfrentarse a la nueva realidad, incluso a la nueva María. La Pobla siempre ayuda, ese pequeño rincón del mundo donde las cosas siempre están en el mismo lugar. Después la playa, aprovechando septiembre como nunca lo hice. Adoro este mes, aunque la gente no lo considere verano ya.
Pero empezar sin empezar es complicado. Ahora ya tengo títulos en la mano, y prácticas preparadas para acabar toda mi vida universitaria antes de Navidad. Y luego, un capítulo por escribir. Nunca los jóvenes habíamos sido tan libres (casi por obligación) de escribir nuestro futuro, y habíamos estado tan sumamente jodidos. Andamos mirando y rebuscando becas para poder trabajar, trabajos en empresas que nos paguen. No que nos paguen X, solo que nos paguen.
El futuro es negro, y no. El futuro es negro para los que, como yo, no disponemos del pequeño empujón económico (ojo, no somos pocos). Pero en cuanto encontremos algo donde poder trabajar, y cobrar, las cosas se van a ir re-descubriendo. Ya no buscamos trabajos 'de lo nuestro' para tener experiencia gratis. Buscamos trabajos no cualificados para trabajar mucho, cobrar poco (mucho comparado con la otra opción)... y por fin tomar aire. Tomar un globo terráqueo, darle suavemente para que gire, y parar con la yema del dedo. Mirar donde ha caído el dedo, y hacer la maleta. A mi el clima frío no me gusta, ni las ciudades grandes... tendré que parar el globo varias veces, hasta que esté satisfecha.
Lo que está claro es que en algún lugar del mundo nos necesitan tanto como nosotros a ellos, mucho más que ahora, aquí. Solo es cuestión de encontrarlo.
Y si, he llegado y ya estoy mirando por la ventana. No es que me quiera ir. Me gusta mi ciudad, cada vez más, cuanto más viajo. Me gusta estar con mi familia. Pero mis amigos se van. El gobierno que manda en mi país no me lo está poniendo fácil precisamente, y la libertad que necesito no solo me la dan estas alas que tengo aquí instaladas en la espalda. Me la da también el dinero que no consigo reunir.
Capitalismo, al fin y al cabo. Pero si pensamos en micro y no en macro; lejos de cambiar el sistema (¿tan lejos?), cabe la posibilidad pequeña de arreglar nuestra pequeña vida en este preciso momento. Girar la cabeza y abrir caminos poco a poco, quitando piedras.
Si, obviamente echo de menos mi vida 'de allá'. PEro aquella forma de vida tenía principio y fin. Como ocurre con cualquier vida que te proporciona una beca. Volvería al otro lado del océano. A por un trabajo, y esa vida mejor que se diluye aquí cuanto más lleno está nuestro mar de dudas. Pero no es fácil, ni siquiera esa opción de escapar. Y antes, hay que luchar.
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