APARTADOS

domingo, 19 de enero de 2014



Debería estar prohibido tener faena los domingos. Tengo que escribir un artículo para mañana. Y no tenemos toda la tarde, María. No, la verdad es que no. 

El otro día me escribió un conocido porque necesitaban una actriz para un corto. Y yo, que parece que no sepa decir que no, le dije que si no encontraba a otra especialista, (porque yo, de actuar, no sé nada), que le haría el favor. 

De repente estaba delante de los focos, las cámaras, con un micro de corbata, llorando delante de una mesa en un bar de Castellón interpretando el papel de mi vida. Porque más lejos que esto, no voy a llegar. Si es que una se monta un circo y le crecen los enanos. Pero la culpa es mía, eso siempre.

Los fines de semana entre partidos, escribir posts, y rodar cortos se convierten en rutina más estresante que la que vivo entre semana. Menos mal que existen los paréntesis entre paredes de habitaciones donde se para el tiempo y el espacio se reduce mucho mucho y nada es necesariamente importante. 

Lo bueno es que en menos de una semana estoy volando a Mallorca. Que si, que es invierno y hará frío. Pero la belleza no sabe de temperaturas. Las playas serán bonitas igual, y la ciudad también. Necesito ya un respiro, un momento en el coger aire y empezar con todo lo que me espera. La duda y la decepción no pueden entrar en este estado de expectación que siento hacia todo lo que me rodea. Una vez más, la próxima jugada está menos que prevista. Habrá que estar atenta para ver por donde viene. Y para eso, nada mejor que un par de días de relax en Mallorca viendo la vida pasar.

A veces, la vida tiene esas cosas de vez en cuando que te invitan o te obligan a pensar que esto no va a durar siempre. Que mañana todo puede cambiar, o incluso acabarse. No, no es exagerado ni es ser dramático. Es tenerlo cerca solo una vez, solo un roce, para tambalearse y sentir los pelos erizados en la nuca. Cuando un conocido entra en una cama de hospital y una no se lo espera o no responde a ninguna otra lógica más que la casualidad, es normal sentirse asustado y pensar. ¿Quién será el próximo? ¿Qué hago mientras tanto? Desde luego llorar no se contempla como una opción. 

Carpe Diem, Y O L O, o lo que sea que cada uno se dice a sí mismo. La vida diaria está muy bien, la rutina es casi necesaria. Pero la importancia de las cosas siempre es relativa, según la regla con la que la midamos. A veces se nos olvida, y no bailamos lo suficiente. 

Y en la vida, hay que bailar.


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