APARTADOS

lunes, 13 de enero de 2014



Hay cosas que nunca cambian, para bien y para mal. Hay personas que nunca nos sorprenderán. También para bien... pero seguramente sobretodo para mal.

Al final, los cambios son casi necesarios. Aunque solo sea para valorar lo que se tenía antes, ya valen la pena.

Hay personas que me dicen como puedo decir sobre mi misma que "estoy trabajando esta parte de mi". Que como soy capaz de ver lo que no me gusta e intentar cambiarlo. Y digo intentar, porque mejorar uno mismo sin ninguna otra motivación que la intrínseca, es bastante complicado. Pero no es imposible.

El primer paso es tener la intención, saber que hay partes de ti que son más mejorables que otras. Vale decir que todas son mejorables, pero que cada persona es como es, y al final ahí está la gracia. No obstante, siempre tenemos cosas que molestan más a los demás, o les hacen daño, y al final es eso lo que debemos cambiar, porque hacer mal al resto conlleva hacértelo a ti mismo.

De verdad que es muy complejo el tema de los miedos, de la superación personal, y de las fuerzas que uno ha de sacar del más allá para poder encontrar, focalizar y cambiar todo aquello que le ayudará a ser más feliz. Tampoco es que este proceso tenga que ser un medio, más bien sería un fín en sí mismo, experimentar cambios dentro de uno y saber que poco a poco van a mejorar ciertas situaciones (personales sobre todo).

Al final, llegan los resultados. Estas dos semanas han sido importantes para darme cuenta de que al final, todo cae por su propio peso y que las recompensas al buen trabajo, o simplemente al esfuerzo o a las ganas por hacer bien las cosas, llegan. Lo que me produce miedo también, porque soy consciente de lo que hago mal, y sé que también llegará ese momento en que las cosas se embarren. Hay quien lo llama karma, otros lo denominan causa/efecto, o simplemente 'tenía que ser así'.

He tenido una de sueños y pesadillas estas noches... que solo espero encontrar unos minutos para poder anotarlos en un papel y releerlo. Ojalá hubiera nacido en una época donde se supiera muchísimo más sobre el cerebro humano, la psique, y los sueños. ¡Fascinante!

Si yo fuera Wert, quitaría religiones y toros y metería Freuds y juegos de simulación de viajes por el espacio. Los niños molarían infinitamente más. Así que ya saben, en las próximas elecciones vótenme. Soy todo amor.

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