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Ellos no lo cuentan, pero esto es lo que realmente pasó/pasará:
Dos tíos MUY RICOS que solo querían ver PASTA vinieron a España a pagar un suelo barato y mano de obra más barata aún a montar un festival porque a los guiris les salía barato venir y a los nacionales no tanto, pero son bobos y se gastan los ahorros en estas cosas.
El sitio es la ostia, idílico. Lo suyo ha costado... los grupos vienen, cobran, tocan y se largan. Ojo que The Vaccines aún son jóvenes y se regalan. Además son cabeza de cartel. Está previsto que a la hora que toquen solo se venda agua en las barras . ¿Por que la gente saltará y tendrá sed? No, porque el cristal y demás sustancias irán que volarán. De todos los participantes, solo la mitad recordarán el festival. Los otros tendrán lagunas, y un porcentaje que no quiero contar no tendrá apenas recuerdos de lo que habrá ocurrido en los tres días:
Los precios de todo serán carísimos, y no habrá otras maneras de conseguir comida o bebida a precio normal. El sol en las tiendas de campaña a las 8 de la mañana pegará fuerte y tú, que te acabarás de acostar (y ya no recuerdas ni con quién), abrirás un ojo y tu cabeza dará vueltas (las mismas que tú anoche). Mirarás a la que tienes al lado y te preguntarás cómo se llama, y si llegasteis a algo o el sueño os invadió antes de desvestiros (por lo que verás, parecerá lo segundo. Casi que mejor).
Estarás como alma en pena todo el día buscando una sombra donde poder dormir. Intentarás darte un chapuzón en la playa de la cala pero los estragos de anoche aún se podrán ver, oler y pisar. Por lo que decidirás ir a dar una vuelta. Quizás te tomes una cerveza que a los diez minutos estará calentorra, como la tía del tanga y como tú mismo al verla. Dejarás la cerveza y los tres euros que vale y te irás a ver quién te presta un cargador para tu Iphone. Pero no es tan fácil encontrar uno (qué te creías?). Mientras tanto puedes jugar al futbolin. Pero, te preguntarás, ¿cómo voy a estar aquí y no hacer fotos? ¿Para qué vengo entonces?
Caerá la tarde y empezará de nuevo lo bueno. Empezarás con los cubatas ya en la cena, hoy te sientes fuerte (bien no, porque apenas habrás dormido). Tus colegas llegarán y te recordarán lo que hiciste la noche anterior. Nada mejor para olvidar las penas que unos porros y unos cubatas cargaditos. ¿Cómo os llamáis chicas? Preguntarás a las que acamparán al lado. Cuando te fijes, te darás cuenta que una de ellas es la que ha amanecido contigo. Los dos haréis como si nada.
Esa noche los conciertos serán buenísimos, y tú entre potada y meada podrás ver la mitad de ellos. Después irás borracho y te enfadarás con tu mejor amigo, nunca recordarás por qué. Pasarás parte de la noche en la arena tumbado y te rescatará una buena persona que te ayudará a levantarte y te acompañará a tu tienda cuando consigas articular palabra.
Amanecerás peor que el día anterior, pero para el último día estarás medio muerto y decidirás no beber. Unos porros y ya. Nada de cigarros, que valen más que en Irlanda. Lo pasarás guay, disfrutarás de graffitis y cosas de esas que sólo tiene el Rototom, pero verás a la gente beber y eso no te molará, escucharás los conciertos, y dirás que está bien pero tampoco es para tanto. Que al final el festival sale caro y que si no te has comido un rosco ni te han puesto una pulsera con la que fardar el resto de año, la cosa no mola tanto. ¡Y sin fotos-recuerdo-que-publicar!
Sin embargo, y solamente al final de tu festival, aparecerá una chica que te dirá lo bonita que es tu camisa. Bailarás avergonzado con ella (porque no vas bebido), y acabarás besándola. Sonarán The Vaccines a lo lejos, e intentarás guardar ese momento final con la gran desconocida para el resto de tu vida. Al final te va a molar el festival y todo. Y va a ser hasta romántico lo de no tener móvil.
La verdad es que de los tres días que dura un festival, pocos son los momentos que se pueden explicar en un vídeo. Y no todos buenos o políticamente correctos, o simplemente dignos. Nadie beberá cervezas porque hinchan, hacen que te mees y eso no es cosa fácil en un festival, y la gente no estará feliz a todas horas y brindando. Las noches dan más bien miedo y la música, por extraño que parezca, para muchos es lo de menos.
Desde luego las cosas no son tan fáciles como parece. Ni tan bonitas. En el verano los jóvenes pobres buscamos trabajo que nos pague una miseria, gracias a la cual podremos salir de casa. En los festivales hacemos botellón y bebemos de garrafón. Siempre hay una cerveza más barata. O mejor. Un vozka de cuatro euros. Acampar en el Mediterráneo en verano es como recibir una patada en la cara. Y por supuesto, los festivales no se hacen para que la gente disfrute. Se hacen para que la gente pague.
Si al final, los clientes quedan satisfechos, eso que se llevan.
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